Joseph Nye, Raphael Lemkin, Uruguay, Somoza y el cólera
- Periferia Internacional

- 9 may 2020
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Actualizado: 10 may 2020

El poder blando
Uno de los conceptos más leídos en ciencia política y relaciones internacionales es el famoso "poder blando", término acuñado por el profesor de Harvard y ex asesor de la Casa Blanca en materia de seguridad e inteligencia, Joseph Nye.
Para Nye, el poder blando “no es otra cosa sino la capacidad de influenciar sin coerción en las acciones de otros”. Es un poder basado en la atracción hacia el que lo genera. El poder blando se nutre de la buena reputación, la solidaridad asistencialista, la cultura, la historia, la tecnología y sobretodo del éxito de quien lo ejerce.
El caso más usado para ejemplificarlo es el de Hollywood. Muchas personas alrededor del mundo sueñan con las estrellas que adornan las pantallas de cine y estas, a su vez, sirven de enganche al estilo de vida norteamericano. Turquía se dio cuenta de la importancia de las pantallas y lanzó una agresiva campaña de internacionalización de sus producciones, las cuales suelen resaltar el pasado esplendoroso del imperio otomano y la modestia de la sociedad turca. Pero cuidado, el poder blando no es propaganda. Mientras más sutil, más efectivo es.
Su opuesto es el poder duro, que es el poder militar y económico con el que cuenta una nación. En términos geopolíticos, el poder duro es aquel que posee un país para someter a otro en base a su capacidad de generar y ganar una guerra o asfixiarlo económicamente. Entonces, un poder inteligente, dice Nye, es aquel que logra que ambos (duro y blando) coexistan sin problemas. Una nave militar impone la imagen de poder duro, pero si se usa para trasladar ayuda humanitaria proyecta también poder blando, ergo posee poder inteligente.
En el 2015 la agencia de comunicación Portland publicó el ranking de países que más ejercen el poder blando. Reino Unido, Alemania y Estados Unidos encabezaban la lista y China estaba al final de la misma. Cuatro años después el Centro Nanyang para Mercados Emergentes de Singapur elaboró otra lista; en ella China se encontraba en el puesto 8, muy cerca de países como Italia, Canadá y Japón. Y todo gracias a Huawei.

La edad de los uruguayos
Después de Cuba, Uruguay es el segundo país de Latinoamérica con mayor población de la tercera edad. Según un estudio del Banco Mundial, el 15% de la población uruguaya es mayor de 65 años. Además, el país tiene una de las tasas de mortalidad más bajas de la región, alcanzando un promedio de esperanza de vida de 77 años, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Esto puede parecer esperanzador por el alto nivel de vida alcanzado y el desarrollo sostenido, pero tiene muchos desafíos por delante. José Mujica, el expresidente, diría entonces: "Somos un pueblo de viejos".
Debido a que hay cada vez menos personas en el rango de edad laboral y más adultos mayores, el financiamiento de las pensiones de jubilación es un reto para la economía uruguaya. Los jubilados uruguayos son más de 450 mil personas, número que ha crecido en un 25% desde el 2005. El gobierno destina entre el 8% y el 13% de su PIB a pagos de jubilaciones, siendo el país latinoamericano que más destina a ese rubro; y eso en un país con un sistema de jubilaciones mixto. La eficacia del pago de pensiones en Uruguay se debe a la complementación de un sistema público (Fondo Solidario República) y los ahorros individuales que manejan tres administradoras privadas (Sura, Integración y Unión Capital).
Actualmente, el gobierno no tiene una política abierta de promoción de la natalidad, pero se ha mostrado receptivo a la llegada de inmigrantes que equilibren la balanza. Solo en el 2018, más de 18 mil extranjeros llegaron a sus costas.

El cólera en los andes
A inicios de los años 90 una epidemia de cólera asoló al pueblo peruano en medio de una fuerte crisis económica y el azote del terrorismo maoísta.
En las ciudades de Piura y Chancay se diagnosticaron los primeros casos de esta enfermedad diarreica transmitida por la bacteria Vibrio Cholerae, la cual se encontraba presente en el agua y era transmitida por los productos marinos, como el pescado y los mariscos.
En ese entonces sólo el 55% de las familias peruanas tenían acceso al agua potable y el 41% tenía alcantarillado. El resto de peruanos solía consumir agua en pésimas condiciones. Eran años donde la pobreza parecía empujar al país a la desesperación y donde los servicios de salud también colapsaron.
Miles de pescadores se quedaron sin trabajo, otros fallecían en los hospitales abarrotados de casos en ciudades como Chimbote, Piura y el Callao. Sin embargo, fue Cajamarca, una región del ande peruano, la más castigada por la epidemia con una letalidad del 10%. El error de la ciudad andina fue no cancelar su famoso carnaval. Viajeros de las costeras ciudades de Chimbote y Trujillo extendieron el contagio en una ciudad con precarios servicios de salud y una cultura rural de desconfianza a las medicinas.
Canadá, España, Ecuador, Bolivia y Argentina ofrecieron ayuda a un país a punto del colapso. Nadie podía comer pescado, no se exportaban productos del mar y las playas se cerraron en uno de los veranos más triste de Lima. Un año duró la epidemia que dejó 2909 víctimas mortales y más de 332 mil infectados.

Roosevelt y Somoza
"Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta", es quizás una de las frases más reconocidas en política internacional. Se le atribuyó al cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, quien calificaba así a su par centroamericano: Anastasio Somoza García ("Tacho"), cuyo clan gobernó con mano de hierro durante cuatro décadas en Nicaragua.
En 1939, Roosevelt invitó a Somoza a visitar Estados Unidos. La visita le costó 140 mil dólares al pueblo nicaragüense. El dictador y su esposa llegaron a suelo norteamericano y fueron recibidos por un imponente desfile militar criticado por la prensa norteamericana de entonces. Somoza visitó el Congreso y fue condecorado por la Universidad Estatal de Louisiana. La visita le sirvió para negociar un millonario crédito a su gobierno y proponerle a Roosevelt la creación de un canal interocéanico. Nada de ello fue cedido por la administración norteamericana.
La visita, sin embargo, fue usada por Somoza para limpiar su imagen a nivel internacional, mientras que al interior del país servía como amenaza para aquellos que se opusieran a su gobierno. A su retorno declaró un día de fiesta nacional, gastando casi el doble de su presupuesto de ida en festejos suntuosos.
En 1945, Somoza García, quien poseía la mitad de las tierras cultivables del país, bautiza la avenida más comercial de Managua como Avenida Roosevelt. Esta avenida fue escenario de la masacre del 22 de enero de 1967, cuando más de mil personas perdieron la vida mientras marchaban contra la próxima asunción presidencial de su hijo, Anastasio Somoza Debayle ("Tachito"). Con la huida de los Somoza del país en 1979, la avenida sería rebautizada por el gobierno revolucionario como avenida Sandino, en honor al guerrillero que hizo salir del país a las tropas norteamericanas en 1933 y que fue asesinado a traición por Somoza García al año siguiente.

El hombre que le puso nombre al genocidio
La historia de Raphael Lemkin está ligada al término que él mismo creó. Este jurista judeo-polaco fue el primero en advertir el horror de las masacres contra armenios realizadas por el imperio otomano. Eran tiempos en los que el mismo Hitler legitimaba su accionar por Europa aduciendo "¿quién se acuerda de la matanza de armenios?". Lemkin decide estudiar este tipo de atrocidades para dotar al mundo de una ley que castigue el aniquilamiento selectivo de poblaciones enteras. En 1933 envía una ponencia sobre el tema a Madrid, donde se celebraba una conferencia internacional de derecho penal, sin embargo, fue impedido de asistir pues podía incomodar la relación entre Polonia y Stalin. En dicha ponencia documentaba la tragedia de la colectivización forzada de Stalin que llevó a una hambruna sin precedentes en Ucrania.
Hitler llegó a Polonia en 1939 y Lemkin abandonó el país, dejando a sus padres, quienes fallecerían en los campos de Auschwitz. Exiliado en los Estados Unidos, comienza a denunciar al régimen del Führer y decide crear un término para aquello que Winston Churchill denominaba en ese entonces "Crimen sin nombre". En su libro "Axis rule in occupied Europe" (1944) utiliza por primera vez en la historia la palabra "genocidio".
En su obra, Lemkin, enumera las atrocidades del régimen nazi dirigidas a aniquilar al pueblo judío. La idea del jurista no era crear un crimen nuevo, ya que este se había llevado a cabo en diversas etapas de la humanidad, sino tipificarlo como delito a nivel internacional y para ello necesitaba una categoría individual del resto de crímenes.
Culminada la gran guerra, Lemkin impulsó su estudio pero no logró que se aplique el término en los juicios de Núrenberg. En 1946, la ONU aprobó la resolución 96; en ella la palabra genocidio aparece por primera vez en un documento internacional. Dos años más tarde, se aprueba la "Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio", ratificada por cada uno de los Estados miembros de la Asamblea General. Posteriormente, la Unión Soviética propondría retirar a los grupos políticos del concepto de genocidio, que era como estaba estipulado en 1946. Lemkin, gastó sus ahorros defendiendo la integridad del concepto que ayudó a crear hasta 1959, año en el que falleció.





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